15 de marzo de 2006

El hombre que se enamoró de Escazú

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Don Alvar en los años 70. Fotos de fondo: Iglesia de Escazú en 1915
y a la edad de 2 años.


Artículo principal - Edición No. 276 - Marzo de 2006

Marco Antonio Roldán

Decía el periodista escazuceño José Luis Valverde Morales, en un artículo del desaparecido periódico El Brujo de 1989, que: “Casi me atrevería a jurar que cuando bautizaron a don Álvar Macís, el agua que le roció el cura fue preparada por la misma bruja Zárate, porque desde ese instante quedó enamorado de remate (o sea sin remedio) de la tierra que lo vio nacer. De qué otra manera se puede explicar que este hombre, como si estuviera encantado, solo cantarle, escribirle y piropear al cantón de Escazú.”

Esta expresión metafórica define con detalle la actitud de este gran hombre hacia su pueblo natal. Don Alvar Macís Guerrero, quien falleció el pasado 19 de diciembre, a unos días de cumplir 90 años de edad, consagró su talento y vida entera a resaltar toda la riqueza del folklore escazuceño. Se puede decir con certeza, que así como Escazú no hay dos, tampoco hubo en la historia del cantón alguien tan prolífico en este campo, como don Álvar.

La villa de Escazú lo vio nacer un 31 de diciembre de 1915. Su padre, don Nicolás Macís Quesada, fue una de las personalidades más destacadas de antaño, ocupando importantes cargos públicos y promotor incansable de obras sociales, culturales y religiosas. Su progenitor fue, además, un gran dirigente del fútbol escazuceño y el estadio de Escazú lleva con orgullo su nombre.

Don Alvar vivió su niñez en un Escazú muy diferente del actual: un pueblo con aroma a campo, de gente humilde, buena y sencilla, con sus casas de adobes de belleza sin igual y sus rústicas calles empedradas y de tierra.

En marzo de 1924, se desató una ola sísmica que afectó a Escazú. Álvar tenía en ese momento 8 años de edad, y estando en la desaparecida plaza (actual parque), de pronto la tierra empezó a temblar y pudo ver como la torre de la iglesia se desplomaba ante sus ojos. La torre de ladrillos la había mandado a construir el padre Salomón Valenciano unos 18 años atrás (Ver foto). Dos años después del temblor, una nueva torre engalanaba el templo.

Como fotógrafo era muy buen escritor

En los años de su juventud, Macís formó parte de los “grandes jodedores” de la barra escazuceña, que era un grupo de jóvenes que se reunían para bromear, contar chistes e historias.

Precisamente fueron los muchachos de la barra los que lo bautizaron con el apodo de Sotillo, y la razón fue que por ese entonces, Álvar se hizo de una cámara fotográfica y le dio por andar tomando fotos que a menudo salían con las cabezas de las personas cortadas, debido a su mal pulso. En esa época había en San José un fotógrafo distinguido llamado José Sotillo Picornell, que a veces llegaba a Escazú a hacer retratos, lo cual, a modo de sarcasmo, originó el sobrenombre.

Ya para este tiempo Sotillo empezó a apuntar en un cuaderno datos interesantes de la historia de Escazú, algunos de los cuáles le fueron revelados por el ilustre educador Benjamín Herrera Angulo, y que dejaría plasmados para la posteridad en su libro Apuntes sobre Escazú, su historia, costumbres, leyendas y algo más.

El libro, publicado en 1988, fue el fruto de 20 años de dedicación y la suma de los apuntes que hizo desde joven. Presentado en dos tomos, la obra fue escrita por alguien que, sin ser escritor ni historiador, sintió la necesidad de transmitir a sus coterráneos todo el cúmulo de conocimientos adquiridos a lo largo de una vida, como él mismo lo manifiesta en su prefacio.

Gran parte de la información histórica que contiene el libro viene presentada en forma de actas municipales, cuyos datos Macís rescató de documentos que datan desde 1820 —cuando se creó el ayuntamiento— hasta 1970. No obstante, la tarea no le resultó nada fácil, en virtud de las lagunas existentes, tales como actas perdidas, unas incompletas y otras más ilegibles por el paso del tiempo.

Por muchos años, don Álvar pasó infinidad de horas en los archivos municipales escudriñando esa documentación valiosa, que quizás nadie más hubiese tenido la voluntad y la paciencia para hacerlo.

Macís tenía como un dogma la emoción que le producía el ser escazuceño, el de vivir en un pueblo con el que la naturaleza había sido tan prodigioso y donde la tradición e identidad del costarricense estaban tan presentes.

Se sentía encantado de sus paisajes, de un Escazú de porte colonial al pie de unas hermosas montañas, de sus casitas de adobes pintadas con cal, de sus historias legendarias y de la idiosincrasia de su gente. Más aún, con su talento como escritor y compositor, esa fascinación la convirtió en letra y música de más de 80 canciones que le dedicó a Escazú y su mejores temas fueron incluidos en el disco de larga duración (LP) Aires Brujos canta y acompaña al brujo Almagú, lanzado en 1986.

Con una gran habilidad para tocar la guitarra y el tiple, heredada de sus padres, Macís fue director de la Rondalla Escazuceña y de los grupos Aires Brujos y Los Típicos de Escazú.

Aparte de su faceta de músico y escritor, este señor fue un destacado árbitro nacional e internacional, actividad a la que consagró 29 años de su vida, y posteriormente 15 como instructor, lo que le permitió recorrer casi todo el continente americano.

Por tres décadas, su vida laboral transcurrió en medio de sobres y estampillas, como funcionario de la Dirección General de Correos, donde desempeñó honrosos cargos. La oficina de correos de Escazú estuvo por unos años en su casa (frente a un costado de la escuela República de Venezuela), antes de construirse el actual edificio de correos en 1975.

El municipio escazuceño, en reconocimiento a su abnegada labor, lo declara hijo predilecto del pueblo, en 1982 y le otorga el premio Benjamín Herrera Angulo, en 1987.

Como eterno enamorado de su tierra, don Álvar siempre demostró con tesón su deseo de transmitir a las actuales generaciones y las futuras, toda la herencia cultural de la que siempre nos sentiremos tan orgullosos los escazuceños.

Escazú, no hay otro como tú

Letra y música:
Alvar Macís Guerrero
Al pie de un lindo cerro
está mi pueblo querido,
mi Escazú que es un ensueño
por Dios siempre protegido.

El santo de mi pueblito
el arcángel que lo cuida,
es mi San Miguel bendito
mi celestial patroncito.

Entre cerros y montañas
lindos paisajes ofreces,
y llenos de piedras están
tus predios, calles y parajes.

Por costumbres y leyendas
tienes fama en mi nación,
por eso te quiero mi pueblo
Escazú de mi corazón.

Por tu estampa señorial
y tus casitas de adobes,
todas pintadas con cal
tienes porte colonial.

Yo lo quiero con el alma
porque es bello mi Escazú,
y a todo el mundo le digo
que no hay otro como tú.


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Alvar Macís y Ubaldo Chaves en la antigua plaza, alrededor de 1960.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alguien sabe donde puedo comprar el libro de Apuntes de Escazú, su Historia, Costumbres, Leyendas y algo más que escribió don Alvar?

Porfavor dejarme saber a sofiarce@uga.edu

Gracias!

Sofía

El Informador de Escazú dijo...

Sofía: El libro en mención se publicó hace casi 20 años y ya no se consigue. La única forma sería que alguna persona que lo tenga, le haga el favor de fotocopiárselo.

Marco Antonio Roldán

Diego Ortiz dijo...

Buenas.

Ninguno de los libros de don Alvar Macis sobre escazu se pueden conseguir?

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